VACACIONES EN TINDERLAND

Este año la idea de mis supervacaciones pasaba por ir a Colombia con mi amiga María, pero no pudo ser. Tampoco el Camino de Santiago en el último momento, así que al final decidí ir a Tinderland.

Lo tenía claro esta vez: no quería un amigo especial o con derechos; quería una pareja, quería un amor. Así que debía marcar mis estándares muy bien y no tragarme las banderas rojas que me alejaban de aquello que quería.

Fui muy nazi con los filtros (curioso abrirse al amor poniéndole tantas barreras). Así pues, en nada ya le había dado la vuelta al nano. “No tenemos posibles matchs para ti, te recomendamos ampliar la búsqueda”.

Que no panda el cúnico, al final tuve tres citas en esta rueda de Tinder.

La primera: con un señor muy atractivo de 50 años. (Mis amigas:¿¿¿ 50 años??? pero después de enseñarles las fotos: “ostras, pues sí que está muy bien”). Bebimos como cosacos, nos liamos, pero me resistí a acostarme con él, porque había algo que no me encajaba. La conversación evidentemente fue de temas sexuales. Next.

La segunda: con un Mosso amoroso de 45 años. Era muy majete y estuve muy a gusto con él en la cita. Nuestra conversación fue de temas de trabajo. Mucho colegueo, pero cero atracción sexual por mi parte. Next.

La tercera: con un person. Un tío también de 45, medio famosete, sexy y con mucha vida. 

Os relato:

Él ya había conseguido hacerme sentir especial o “la elegida” (mi temita) porque le había gustado mucho mi perfil y tal. También le gustaba mucho mi blog y la purpurina,  pues me dejó el siguiente comentario en El secreto de la purpurina:  “Creo que he debutado en el artículo correcto. ¿Dónde está el Club de los purpurinas? #metoo”(si tenéis curiosidad de buscarlo,  ya está borrado para preservar su identidad).

¡Ay, Diosito! Yo ya me imaginaba el PURPURINA OCTOBER FEST.

Por si no me había hecho suficientes ilusiones ya, saqué una carta de mi oráculo pensando en él y me salió: Los ángeles de los enamorados les ayudan, todo está preparado para el encuentro del amor.

¡Cágate lorito!

Y ya para rematar, de camino a la cita me acompañó una mariposa que se quedó en mi vestido por unos minutos. Así que sin expectativas iba la niña.

Y nos vimos. De todas sus versiones estéticas que vi en Google (flipante) no me vino ni la mejor ni la peor. Bien. Sobre todo me gustó su pecho, donde fui a parar después de los clásicos dos besos de presentación. Nos dimos un abrazo corto y nos sentamos en una terraza interior a tomar algo.

Yo tenía una hora y media, mientras mi hija hacía gimnasia. Pero era más que suficiente para saber si con él pasaba la barrera de la segunda cita.

Hablamos de las cosas que más me gustan: espiritualidad y proyectos o sueños.

Lo miraba y sentía como un amor muy bonito por él, un amor incondicional, un amor compasivo y -valga la redundancia- amoroso, pero a la vez desapegado. No necesitaba nada de él; solo lo amaba por ser.

Salió el tema de Diseño Humano –ya os he hablado alguna vez de esta técnica de autoconocimiento que me alucina-. Él me pidió sacar su diseño humano para ver cuál de los cuatro tipos de personas era. Y me quedé loca. ¡Era reflector! Solo el 1% de la población lo es y tenía muchas ganas de conocer a alguien que lo fuera. Pues justo, él lo era. ¡Sabía que era un peculiar, pero no me imaginaba que tanto! 

Cuando lo miraba ya como reflector no podía evitar sentir mucha ternura y compasión. Ser reflector no debe ser nada fácil, son personas que sufren mucho hasta encontrar su lugar.

Y sonó mi alarma. 

Me acompañó a la salida y nos dimos un superabrazo bien sentido donde me hubiera quedado a vivir al menos un Erasmus.  Cuando finalmente nos separamos, nos miramos, nos reímos y nos besamos. De repente veo que saca un bote de purpurina y me dice que me quiere volver a ver. De peli, sí. Hasta que especifica:

–  te quiero ver en grupo.

¿WTF? 

– Sí, con mis amigos o con los tuyos…

Me fui desconcertada por todo. Pero con una sonrisa que a mi hija no le pasó inadvertida. 

¿Él un reflector? ¿Really? ¿Y el cabrón me trae purpurina? Sin duda sabía cómo hacerme mojar braga.

¿Y lo de verme en grupo? ¿Qué era eso, una puta gymkhana hasta el polvo?

Por la noche estuve leyendo sobre los reflectores y vi que para ellos era de vital importancia su grupo de amigos y comunidad y me relajé un poco. Sin embargo,  por la mañana no pude evitar mirarle la carta astral y empezó a derrumbarse el castillo de naipes.

Luna en acuario: Tienden a relaciones poco convencionales, necesidad de estar en grupo, relaciones libres y despegadas. 

Uy, uy, uy.

Cuando chateamos por la tarde le expliqué lo de su luna y me dijo que sí coincidía, que él era así. 

– ¿Te apetece explorar todo eso? –me preguntó

– ¡pero si yo soy vainillas! 

(De verdad…¡Yo ya no sé cómo decirlo! ¡Estoy por tatuármelo en la frente!)

Me too, me dijo él.

Pero “me too” los cojones 33. Las cosas que decía que le gustaban no eran de vainillas. Otra cosa es que le molara la purpurina, pero definitivamente de vainillas tenía poco.

Pasamos al teléfono para intentar entendernos, pero no fue fácil. Aún no tengo claro lo que quería de mí. No quiero dar más detalles por cariño a él y porque, aunque los diera, cada cual entendería lo que quisiera, pero no sé si alguien sabría la realidad; “cosas de funcionar de manera diferente al 99% de la población y encima tener la luna en acuario”. 

Antes me parecía una locura que en la India concertaran los matrimonios a partir de las cartas astrales. Ahora no voy a tener otra cita sin mirar la carta astral primero.  Es broma. Bueno, a lo mejor no tanto…puede que de ahí venga la frase de “más vale una imagen que mil palabras”.

El caso es que quedó más que evidente que vivíamos en mundos muy diferentes. Y aunque en otro momento me hubiera autoconvencido de que era una oportunidad su invitación (y me hubiera hecho una olla con todas las señales para justificar el triple mortal con tirabuzón directa a la piscina a la seguía invitándome), esta vez le hice más caso a mi cuerpo y el mensaje era claro: “qué pereza”. 

Tenía señales y expectativas a gogó para montarme un historión en la cabeza de aúpa, pero si no, siempre me quedaba la típica frase que me llevaba a los infiernos: “total, solo para follar, seguro que folla bien y un polvazo me vendría de coña”.  Madre mía la de tiempo, autoestima y vibra que he perdido tras esta frase.

Me pilló mayor. Su mundo, lejos de motivarme, me provocaba desidia.

No hubo duda, lo tuve muy claro y nos despedimos amablemente.

Llamé a mi amigo Dani para contarle todo y tuve un pequeño insight

– Dani, tío, es que sentía un amor muy heavy por él; amor de verdad, muy puro.

– Jajaja. Laura, tú puedes sentir ese amor por el primer perro que pase por la calle.

Y pensé:

Joder, es verdad, tengo esa capacidad.

Y me di cuenta que ese amor no tenía que ver con él. Ese amor era mío, lo había generado yo

Tras una noche de risas con amigas que algunas pudisteis presenciar vía stories, me desperté como una rosa (muy extraño, porque bebimos bastante y llevaba -con esa- diez noches de insomnio), pero me sentía radiante, amorosa y poderosa, así que eso es lo que desprendía sin duda alguna: los coches paraban para dejarme pasar, los usuarios me daban las gracias en vez de quejarse… 

Yo pensaba que estaba bien por no estar mal, y eso me daba subidón, pero no era algo mental. Era más certero, pues sin duda mi vibración estaba muy alta.

Se lo comenté a la psicóloga del curro y me hizo verlo claro: ese amor que yo sentía por él era lo que yo era en realidad. 

Sabes eso de que somos amor, ¿verdad? Yo lo creo, aunque una cosa es creerlo y la otra sentirlo.

Los reflectores tienen la capacidad de reflectar y amplificar la energía de los demás. Gracias a él pude encontrarme con ese amor que buscaba al entrar en Tinder. Solo que resultó que ese amor era yo.

Al final, superviajazo que me he pegado este verano gracias a Tinder.

Pero ya cerramos. 

NADA QUE BUSCAR.

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