El secreto de la purpurina

Queridas sexies,

En el último artículo, donde hablaba del sexo tan bueno con el italianini, me vine arriba y os dije que intentaría averiguar la receta para un polvo con purpurina.

Pensé que no sería capaz. Pero tras una conversación con mi amiga María y la meditación mañanera del día siguiente, me llegó la inspiración.

Como diría Jack el destripador: vayamos por partes.

Ayer mi amiga flipaba porque yo hubiera podido sentir eso con un tío que para nada me gustaba. ¿Por qué no me gustaba? Porque era un tira cañas de aúpa. Le metió fichas a todas las tías de la discoteca, incluidas mis dos amigas. María flipaba porque sabe que yo tengo un temita con el hecho de sentirme especial. Necesito eso por encima de todo para estar con un hombre. Tiene su parte buena, porque suelo acabar con tíos que me llevan en volandas y me dan seguridad, pero también tiene su parte chunga, y es que al tener esa necesidad de sentirme especial, muchas veces me quedo atrapada en el “que me elijan” y no en elegir. Claro, eso ya no mola tanto.

Por eso María no entendía cómo me había ido con él. Le expliqué la realidad. Estaba muy cachonda ese día, y mi amiga Silvia me insistió en que valdría la pena. ¿Y ella qué sabía? Pues en realidad nada, pero es muy larga mi Silvi y se fija mucho en cómo bailan los chicos. El caso es que confié en ella y decidí llevarlo al hotel.

Evidentemente íbamos borrachos todos.

Sí, pintaba catastrófico, la verdad.

Pero se hizo la magia.

¿Y por qué? Ahí está el tema.

Yo me desvirgué con diecisiete. Experimenté más que la media (de tíos, no de cosas raras). Pero no supe hacer el amor hasta que conocí al padre de mi hija diez años después.

A partir de él, raro es el tío con el que no sienta amor. Aunque no esté enamorada, evidentemente.  Esto ya lo tenemos hablado. 

De lo que me di cuenta con la meditación es que cuando medito también siento esa corriente de energía que me sube por la espalda y me da una sensación gustosa de agradecimiento y conexión, aunque aquí sea solo un destello y no se mantenga.

Así que he caído en que se trata de lo mismo: de subir la energía kundalini.  Manda huevos.  He leído libros sobre ello, pero realmente no era consciente de que ya lo estaba haciendo.

Por eso también he sido capaz de correrme bailando (correr, correr… de chop-chop). Claro, no en una disco, sino en un ecstatic dance, habiendo tomado cacao ceremonial y conectada a tope con la música y el placer en un trance meditativo.

Esto es muy yerbas. 

El caso es que —como dijo Einstein: Todo es energía. Y sí, en el sexo también se trata de eso. No del tamaño de la polla, ni de si aguantamos en plan maratón, ni de si te quieres casar con la otra persona.

Supongo que la energía y el placer me han guiado en esta aventura, porque nadie me ha enseñado. No sé cómo se hace, solo sé que para  poder subir la energía yo necesito estar arriba en plan vaquera. No soy capaz ni estirada, ni a veinte uñicas, ni de lado.  Solo arriba, moviéndome como me pide el cuerpo, como en una danza libre, liberando también lo que sale de mi boca –grito bastante y, depende del momento, puedo retener algún “te quiero” (aunque prefiero que no)- . También me ayuda por momentos cerrar los ojos para poder conectarme al máximo con lo que estoy sintiendo y entregarme a ello.

Es verdad que la purpurina la pongo yo. Pero él puede ayudar a esparcirla.

¿Y qué puede hacer que él lo favorezca?

Que sea cariñoso, pero sexual a la vez. Los dos puntos son igual de importantes. Como siempre: LPJM (la puta justa medida), hot para despertar la energía sexual  a tope y tierno para poder abrir el corazón sin miedo. Por eso no te debes quedar con alguien que te trata genial pero no te pone. Ni debes estar con alguien que te ponga berraquísima pero que no te dé la seguridad para poder abrir, aparte de las piernas, también la patata.

¿Y qué más puede hacer él?

Sostenerme.

¿Cómo?

Nada me puede poner más que ver que él me acompaña en el viaje. Con sus gemidos, con sus miradas, con sus palabras. Entras en retroalimentación. Si vas tu sola, el viaje es mucho más corto e insulso. Cuando es compartido, la energía se multiplica hasta que no la puedes sostener y explotas en la muerte más gustosa conocida.

Pero ojo, no tienes por qué ser una persona espiritual,  yerbas  o tántrica. Solo estar en presencia. Entregarte al momento y  a la energía. Desconectar la mente. Y gozar. El placer mismo te va guiando.

Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo, antes que nada: poder abrir el corazón. Nada fácil en los tiempos que corren. Pero por eso mismo el premio es tan inmenso.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *