LA VITA È BELLA

La vida me cuida. Tengo todo lo que quiero, solo me falta algo de dinero, tiempo y sexo.

Las dos primeras me las estoy currando y tarde o temprano brotarán los frutos del esfuerzo y la intención.

Lo otro se lo encomiendo a Dios, porque no está fácil la cosa. 

Mi viaje a Milán podría ser una oportunidad para aliviar la dieta abstinente y dar rienda suelta a mis ansias de apareamiento. Pero mi ciclo de fémina y la mini habitación asignada en la capital de la moda no apostaban gran fortuna.

Sin embargo las ganas rasgaban.

Fue verme en la cama de hotel y pensar en voz alta: “Qué ganas tengo de hacer el amor en una cama blanca”, y es que esas ropas planchadas e impolutas de hotel se merecen esa vida; y yo un poco también.

Lo pedí con fuerza, sintiendo ese deseo arraigado a todos mis cuerpos. No era la primera vez que lo pedía en estos siete meses de continencia, aunque no sé si tan intensa y serenamente a la vez.

Porque hay necesidades que una sola no se puede cubrir. Que no nos cuenten historias. Al menos yo, por mucho que me acaricie y me dé besitos cada mañana o me haga el amor, muchas veces falta piel. Es como cuando tienes sed de agua y solo hay vino, cola o leche. 

El caso es que para atender esas necesidades, igual que tantas otras cosas trascendentes, hay que arriesgar. Y a mí me cuesta, por eso tiraba de ex; hasta que la vida me lo puso chungo en plan: “pos chica, ¿nos ves que no?”

Pero como Dios aprieta pero no ahoga, en Milán se presentó la oportunidad de volver a la vida de la mano de un yogurín mete-fichas que no era demasiado de mi estilo, pero prometía con sus meneos bailongos y desparpajo.

Una oportunidad que yo pretendía pasar por alto por no molestar a mis amigas, pero que por suerte ellas no me dejaron desaprovechar de ninguna manera. Así que se fueron a dar vueltas y a desayunar con sus amigos mientras nosotros buscábamos una farmacia con dispensador y nos besábamos por primera vez (el romanticismo esa noche no salió).

En el aeropuerto comentábamos todas las cosas que pueden salir mal en un primer encuentro sexual, y realmente es una suerte que saliera tan bien.

Todo el rato se habla de que hay que comunicarnos en la cama para poder guiar al otro, ¡pero qué puta maravilla cuando no hace falta, por Dios!  Cuando los gustos, gemidos, inquietudes, mimos,  sentires y ritmos son compartidos o respetados, sin tener que dar explicaciones, sin sentirte un trozo de carne, sin que nada se tome personal, sin tener que decir  “para, por ahí no o esto no me gusta”. Sin tener que estar en alerta ni salir ni un momento del cuerpo para ver la escena desde fuera, porque dentro se está muy pero que muy bien. 

No sé si es coincidencia o tiene que ver con un tema intuitivo de fluir por esa intimidad cargaícos de presencia. No lo sé. Lo que sí sé es que la mezcla a partes iguales de fogosidad y ternura es la combinación perfecta para petar de purpurina. Desde la naturalidad, la autenticidad, la vulnerabilidad y la verdad.

En referencia también al artículo anterior , hablaba que no me gusta tener sexo por sexo. Pues me remiendo. Sí quiero. Así, sí. Parece que no pueda ser posible que dos personas se encuentren para disfrutar del sexo y se conecten en una intimidad y respeto que permita al gustirrinín convertirse en gustirrinón. Pero sí se puede. Joder, ¡sí se puede! Intentaré escribir un artículo con las claves que considero importantes para que se pueda dar, porque vale la pena hacer camino. También quiero puntualizar del otro artículo que lo de que me empotren con amor está bien para más adelante. Pero no quiero que me empotre un tío que no conozco casi, porque es fácil que pueda sentir miedo, pues no hay confianza. Y llámame loca, pero yo cuando hago el amor quiero sentir justo eso, no lo contrario. 

No sé si en aquellas sábanas –ya menos inmaculadas- se me escapó algún te quiero, porque cuando exploto de amor se me va la boca, pero a él se le escurrieron algunos y me encantó; por lo bonico del italiano y por lo  genial que es estar en el mismo punto. Los dos sabíamos lo que había. Los dos íbamos en busca de sexo, pero con amor siempre molto meglio. Ojalá fuera esta la norma y no la excepción. Aunque engancha, sí, como el Loctite.

Al día siguiente pude ver claro por qué no me sucede esto en Barcelona. Porque soy una yonki de la purpurina. Y me descentra. 

Ahora la vida tiene otros planes para mí. O al menos yo tengo otros quehaceres importantes para mi desarrollo personal. Si conozco un tío así con el que puedo conectar tan bien en la cama…puedo no pensar en otra cosa que en dejarlo sequito durante una buena temporada. Y eso sin gustarme como pareja. Si lo considero el posible hombre de mi vida no doy pie con bola hasta 2024. Exagero, pero tampoco tanto. 

El tema es que mi tiempo es muy limitado y necesito exprimirlo sin dispersiones para ir cerrando los proyectos que me traigo entre manos. Por eso la vida me da el regalito allá, porque sabe que no me voy a poner el traje de adicta y voy a seguir con lo mío. En plan:  “Escucho tus plegarias, querida, pero ahora no toca. Mas te voy a hacer un regalito para que no te olvides de lo puto fabuloso que es y confíes en que cuando te toque, te vas a poner las botas”.

 Y yo le respondo: Gracias, vida. Aunque este regalo me lo debías. Hacerme toxic-free debía tener premio seguro.

2 Comments

  1. ¿Y lo bonito que es cambiar de opinión? Sin hacer daño a nadie, nunca debemos decir nunca, porque hoy queremos empotramientos con amor y mañana queremos sexo sin compromiso pero con amor, parece lo mismo pero no. Olé tú.

    1. Hola bonica! ahora veo tu comentario! Pues sí somos cambiantes -por suerte- aprovechémoslo para experimentar e ir conociéndonos más en profundidad. Solo así nos podremos disfrutar a tope. Mua!

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