HUIR DEL ÉXITO

El otro día, tras una conversación de esas cotidianas que inspiran,  me di cuenta de que lo había estado haciendo toda mi vida: había estado rechazando mi éxito. 

Ya os conté que el libro sobre el propósito de Manuel Márquez hizo un clic en mí.  Según la numerología, lo mío es el arte y la comunicación. Eso ya lo tenía clarinete. De hecho, manifesté mi deseo de vivir del arte en uno de los primeros artículos de este blog: VIVIR DEL ARTE. Pero lo que sí ha sido revelador para mí es el hecho de darme cuenta de que todas las oportunidades que me habían dado para brillar en lo artístico las había ido rechazando una por una; parece que casi con empeño.

Recuerdo una prueba de canto. Con ocho o nueve años. Quedé finalista con otra chica y nos dejamos la piel (en un rato) para ser la solista del concierto. Gané, pero el día del concierto no fui. No me encontraba bien. Ahí aún no sabía que el miedo hace la diarrea.

En el colegio nos hicieron hacer un poema. Como me encantaba escribir, hice varios y uno se lo di a una amiga que no lo hizo. Bien, les gustó tanto su poema que la seleccionaron (con mi poesía) para un concurso, no sin antes hacerle jurar que no lo había copiado de la gran Gloria Fuertes. Todo un honor, todo un error.

Cuando estudiaba bachillerato artístico, una amiga me dijo que su tía estaba haciendo un recetario de marihuana y me pidió si podía hacer las ilustraciones con una brujita y tal. No hice los dibujos porque estaba muy ocupada haciendo de vientre.

También me propusieron hacer una exposición con mis cuadros y otra vez, tras el subidón inicial, acabé desistiendo.

Hace unos meses, una chica que escribe muy bonito también en Instagram, me pidió si podía hacer un curso de escritura. Le dije que no podía, que mi escritura era muy intuitiva, y me dijo que justo por eso le interesaba. Aquí peor. Ojalá me hubiera hecho popó; la realidad es que ni siquiera lo vi como posibilidad.

Con el libro, os decía que tenía dudas de si me había cagado, pero ahora lo veo claro. Cero dudas. Una gran boñiga.

Y seguro que hay muchas otras posibilidades de brillar con el arte que pisoteé sin miramientos.

Así que estoy hasta el coño de mí. De mis miedos e inseguridades.

Pero voy a mirar para remediarlo.

Arremangada y motivada.

Se vienen cositas.

A galope.

A lo bestia.

“Éxito: te invito a la fiesta; ponte tus mejores galas que esta vez sí que bailo”. 

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