Me asustan las personas que nunca dudan,
que muestran su paradeta* medida al milímetro,
incapaces de moverla un ápice por motivo alguno.

Me gustan las personas que como el chicle se estiran para abrazarte.
Estas personas despojadas de la verdad absoluta y el título de elegida.
Esas personas que saben lo que son, lo que somos.

Me dan pena las personas de mirada extraviada,
que recogen colillas como quien coge margaritas;
que perdieron tanto amor que ya no recuerdan ni quienes son.

Me sorprenden las personas tocadas de éxito,
 que se saben en proceso evolutivo al igual que tú y que yo.
Que se saben simplemente partes del todo.
Ni más ni menos.

Me asquean las personas con se esconden bajo el traje de víctima,
para robarte tu energía,
tu alegría,
y, si distraes, hasta tus bragas.

Me emocionan las personas que son capaces de sentir a las demás
a través de su corazón y no de sus sentidos.



*tenderete, puesto del mercadillo.

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