ALEX. Parte 1.

Después de mi artículo “Estafada por Satisfyer” me veo un poco obligada a contaros también la historia de Álex. ¡Qué leñe! De obligada nada. Me apetece mil.

Resulta que el otro día tuve una revelación. Yo no sé si tenía las hormonas de  rave o qué, pero tuve unos días de fogosidad máxima. Estaba escribiendo un poema de temática cero erótica y de repente tenía que dejarlo todo para atender mi fuego íntimo.  Salida es poco. Estaba tan fuera de mí que pensé en llamar a mi ex. Aunque después de los clímax, agradecí no haberlo hecho. Recordemos que mi ex vive  a  un minuto de mí, pero ha sido mi relación tóxica por excelencia. No por sobresaltar, pues creo que ha sido la única. Y es que, aunque hubo un tiempo que parecía lo contrario, nunca he sido muy de relaciones.

Al día siguiente me vino un impulso sexual mucho más heavy, me masturbé duro. Con amor, pero non stop durante media mañana. Locura. Pero por muchos orgasmos y la correspondiente “agüita” que ponía para socorrer mi fuego, este perduraba. Igual que el recuerdo de mi ex. Hacía tres años que me estaba quitando de él, que me resistía a quedar con él pese a sus ofrecimientos, pero no me lo podía sacar de la cabeza. Supongo es lo que suele pasar con los mejores amantes: se agarran a tu piel como las garrapatas.  Y te van chupando la sangre, lentamente.

Hablé con Dios. A mi manera. Y le pedí una señal. Si aún no tenía las cosas resueltas con él y debía volver a esa relación aunque solo fuera para desmitificar la parte sexual y poder avanzar, que me lo encontrara o algo, para saberlo.

Como sabéis (spoiler Instagram) así fue. Esa misma tarde, cuando iba a buscar a mi hija de baloncesto, me lo encontré. Cierto es que somos vecinos, no era lo más raro del mundo, pero también es cierto que a veces he estado muchos meses sin cruzármelo. Lo vi tan guapo…Nada raro tampoco teniendo en cuenta mi estado “hormonal party”; algo que estoy segura que él también notaría porque me retenía con la dialéctica para no salir corriendo a por mi querubina.

Esperaba que me escribiera para quedar, como ha hecho más de una vez, de dos y de tres tras un encuentro casual. Pero entendía que después de todas mis negativas tampoco le quedarían muchas ganas.

Estaba tan cachonda y tan fuera de mí que pensé en escribirle yo. Luego recordé que no tenía lugar para él: al día siguiente tenía cena con las compis de pádel, luego me iba de viaje…Pensé incluso en que viniera esa noche. Y ya vi claro que se me estaba yendo la flapa. 

—A ver Laura, pero si no lo traías a casa las noches que estabas con Arlet cuando estabais juntos…¿¿qué leches lo vas a traer ahora??

Claramente era un problema con el riego sanguíneo. Error fatal. No me llegaba la sangre a la cabeza, la tenía concentrada en mi…sí, en mi coño.

Por favorrr, qué puto deseo más voraz. Nunca me había enfrentado a algo así. Tan grande. Tan fuerte. Que me abocaba sin duda a un sitio donde llevaba años resistiéndome a ir, pero o a mí ya no me quedaban fuerzas o su fuerza se había exponenciado, como el covid.

Estaba ciertamente mal. Sabía que eso no podía durar mucho, que pasaría, pero era incapaz de pensar a horas vistas. Solo en aquí y ahora. Solo en deseo. Solo en necesito.

No me podía resistir a esa fuerza magna tan visceral, tan yo, en el fondo. Pero es que literalmente no tenía espacio para él, para nuestro encuentro; así que tuve que abandonar la idea a la fuerza.

Al día siguiente, con la mente aclarada, tuve un insight. No era cierto que yo me hubiera estado quitando de él durante  años. Yo cada vez que me masturbaba, me lo metía; en mi cuerpo, en mi alma. 

De alguna manera, aunque fuera a nivel simbólico, me seguía penetrando cada dos por tres. Pues yo siempre recurría a su recuerdo para llegar, si más no, al de su polla. Porque me parecía una puta obra de arte y porque soy muy visual. Y sobre todo después de mi historia con el madurito, tras la que dejé de ver porno. Él era muy porno y quería alguien muy porno también. Pero yo -pese a ver porno- no me considero para nada porno. Soy más de tantra, de fluir y hacer lo que sienta en cada momento,o al menos lo intento. No voy con una escaleta de lo que se supone que (según el cine para adultos, claro) toca hacer. En fin, que después de esta historia decidí dejar de ver  porno. Siempre intento después de cada “historia chunga” hacer aunque sea un pequeño gesto o cambio para que el universo tenga claro que de eso no quiero más. 

Y sí, dejé de ver porno, pero eso me enganchó más al tóxico. Y sobre todo a su miembro. 

Casualmente, buceando en Insta (Dios me tendió un cable después de jugar conmigo y cachondearse por unos días) di con una conferencia de tantra donde una profesora de gran experiencia explicaba que para el autoplacer tántrico teníamos que evitar cualquier tipo de imagen o recuerdo. Solo centrarnos en la energía.—Pues voy de puta madre -pensé. 

Me agobié tanto que le hice una consulta exprés a otra profesora de esta práctica milenaria. Le preguntaba cómo podía hacer para quitarme de la polla de mi ex y poder soltar amarres definitivamente. Le pedía alguna técnica para poder centrarme en la energía y no tirar de recuerdos maravillosos que me hacían llegar al nirvana en cero coma. Pero no hubo ninguna recomendación de técnica. Hubo recomendación de Alex, el vibrador adaptable a todo tipo de coños. Canela, dicen.

Un plástico con la ardua misión de hacerme olvidar la octava maravilla del mundo. En principio no parecía nada prometedor. Pero tenía que intentarlo. 

Sin rodeos: No cero patatero como con el Satisfyer. Pero yo con eso no soy feliz.

Agobiada. Enfadada. Indignada. Triste. Llorando y riendo a la vez por la tragicomedia en la que me veía inmersa.

Al día siguiente me llega un mail en el trabajo con un documento oficial donde sale mi ex. Nombre y apellidos.

Y ya no puedo más. 

Hasta aquí hemos llegado.

Le escribo. 

Os cuento <3.

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