El payasito

Hoy celebramos un año del blog y, como en todos los cumples de un año, debe haber un payaso…

Año 2009. Recién llegada a Barcelona. On fire

Salimos una noche de fiesta y ligamos con dos chicos de Sant Cugat, muy bonicos ellos. Yo estaba traumatizada con la historia del miniPe. No podía evitar hacer proyecciones y expectativas sobre los miembros viriles al alcance. Pero cuando llegó el momento del destape, aluciné para bien. Pedazo troncomóvil tenía el colegui. Que, ya ves tú, yo con lo canija que soy pa qué quería tanto. Pero supongo que después de aquello (véase el artículo Capullos I) me prometí que nunca más iba a pasar hambre. Y, ya puestos, mejor que sobre que que falte. El tema es que al ver aquello, tras todos mis miedos, no se me ocurrió nada mejor que decir que:

-¡Woowww!¡Me la pido pa Reyes!

Justamente estaba como una niña con juguetes nuevos y supongo que tanto entusiasmo le asustó. Cuando me despertaron para bajar a por nuestra compi nueva del piso, vi que se había largado.

Bajé medio en bolas. Sorprendida a partes iguales por su huida y mis pelacos de Macario.

(Qué gran inversión el láser…)

A nuestra nueva compi de piso le quedó claro lo que iba a vivir en su recién estrenada etapa en Barcelona. 

Aunque nunca más me lié con el superPe, seguí manteniendo el contacto con él; y solo años después, (¡AÑOS DESPUES!) me reconoció que se acojonó. 

No sé qué le contaría de mí a sus amigos, en plan que era una loba o yo que sé. Sí queridas, para unos somos “lo más” y para otros “lo menos”. Nunca llueve a gusto de todos. Hahahaha.

En fin, que no sé qué explicaría, pero uno de sus amigos -que no me conocía de nada-, me agregó en Facebook y me empezó a hablar insistiendo mucho en cenar un viernes noche. Yo flipando porque el tío tenía puesto “en una relación con fulanita de tal”.

Al final ya me puse seria diciéndole que de qué coño iba y me dejó en paz.

Hasta que lo dejó con ella y me vino a buscar. 

En plan galán total.

Recuerdo que una amiga mía daba una clase de biodanza y le invité a ir, pero resulta que era el día de su cumpleaños y me dijo que no podía, que vendría a Barna a comer con la family y después se volvía a Sant Cugat a celebrarlo con los amigos. Me pareció de lo más normal.

Pero resulta que me estoy cambiando para la clase y me dicen “Laura, ha venido alguien a verte”. ¿Te puedes creer que allí estaba él, el día de su cumple, por sorpresa total, danzando conmigo? Mirándonos, tocándonos, acariciándonos, riéndonos, en silencio y en deseo.

Bueno, todo como muy azucarado; cada noche un mensaje: “buenas noches, princesa”…

Hasta que follamos.

Bomba de humo.

Lo fuerte es que yo en ese entonces estaba muy metida en el rollo espiritual de Amma, practicando el desapego y el amor incondicional y no me enfadé. Cero

Y él se volvió a enganchar. 

Y yo me dejé hacer, aun sabiendo lo que había.

Puede parecer horrible, de falta de autoestima, de yo que sé.

Pero gracias a él tuve una de las experiencias sexuales más bonitas in my live.

Os cuento: para su cumple le regalé una cena muy especial, a oscuras. Un lujo para los sentidos.

Después del restaurante fuimos con otras parejas a tomar unas copas a un sitio muy post. (Resulta que cuando no puedes ver, gritas más, y lo que iba a ser una cena romántica acabó siendo una cena de socializar en grupo).

Finalmente llegamos a mi casa y puse todo de velas e incienso.

Yo tenía la regla, y no en plan principio o final: meollo. Pero no le importó en absoluto. Me comió mi sexo con un arte y un amor que puedo sentir aún en cada partícula de mi ser.

 Sin duda un regalazo de la vida. Y eso que cuando la Carol me explicó un día lo que era el payasito – cunnilingus con la menstruación–  me dio igual de risa que de asquito. Nunca pensé que lo pudiera disfrutar y menos así.

Fue un momento tan erótico como etérico, un acto de entrega total por ambas partes. Se creó un lugar al que poder volver tantas veces quiera, porque estaba lleno de vida y verdad. Sí, con un capullo comiendo mi coño sangriento, cuando encima “soy vaginal”. Así es la vida. 

El tío era un crack, cierto es, pero no fue todo técnica; no sé si el ambiente, el erotismo de aquella noche tan sensitiva, mi capacidad meditativa de aquel entonces… No lo sé; lo que sí sé es que cuando acabó, allí no había resto alguno de sangre. Parecía como que hubiera tirado un vaso de agua cristalina. Magia física y emocional sin lugar a duda. Magia pura.

Al poco volvió con la ex. Y cuando la dejó me volvió a buscar. Otra vez. Pero yo ya estaba con el padrísimo. 

No me importó que se fuera, ni me planteé que volviera. Tenía claro que lo que él vino a hacer en mi vida, era el payasito con magia, “nada” más y “nada”menos.

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