Te presento mi mierda

¿Os imagináis que cuando empezáramos una relación no tratáramos de perfumarnos ocultando esos defectillos tan nuestros que tarde o temprano entrarán en escena?

Vendría a ser algo así como:

Hola, soy Laura. 

Soy divertida. Creativa. Optimista. Independiente. Generosa. Extrovertida. Cariñosa. Organizada. Entusiasta. Leal. Ocurrente. Facilitadora. Fuerte. Valiente. Amorosa. Pasional.

Pero también…

Soy Mandona. Tengo mala hostia. Muy sentida. Influenciable. Desapegada (facilidad para romper vínculos). Impaciente. Necesito sentirme valorada, incluso especial. Poco flexible o incluso dominante.

¿Cambia la historia, verdad? Pero por mucho que lo oculte, esa soy yo y seguramente no sea otra de aquí a la sepultura. Mi parte menos presentable de alguna manera siempre estará ahí, y más si la niego.

Es verdad que no hace falta sacar la mierda en la primera cita. Pero hay que ir aireándola poco a poco, desde la aceptación. Desde el humor ¡Bendito humor!

No es ningún drama. No nos gusta; está claro. Pero todos tenemos luces y sombras. No se escapa ni el Tato.

Así que dejemos de ocultar y negar ese tufillo tan nuestro que, sea como sea, encontrará la manera de salir a la superficie y sacarnos los colores.

Tampoco se trata de “como yo soy así, actúo como me nace y, si te molesta, te jodes”. ¡Noo!

 Se trata de conocernos para estar mejor, con nosotras mismas y con la gente.

Se trata de no fustigarnos, sino de poder ver la relación entre nuestras luces y nuestras sombras para poder honrar las dos.

Ese fuego que me enciende para decir que tengo mala hostia es el mismo que me enciende para ser pasional, para emprender o para defender lo que considere.

Esa agua que me hace ser muy sentida e influenciable, también me hace ser empática con la gente y poder conectar a niveles profundos.

Esa tierra que me hace ser mandona y cuadriculada a veces, también me hace ser organizada y planificada.

Ese aire que me hace desapegada, impaciente y dispersa, también me hace ocurrente, curiosa, comunicativa y energética.

Cuando realmente entendemos que no hay pro sin contra, empezamos a valorar nuestra mierda. Empezamos a querernos de verdad y a desarrollar una humildad sanadora.

Nos empoderamos desde esta aceptación de la realidad que hace que nuestra mierda se convierta en  estiércol. Para que, sin tratar de ocultarla ni cambiarla, juegue a nuestro favor.

Hay cosas nuestras que podemos cambiar y mejorar y está genial. Pero hay otras que intentar cambiarlas es ir a contracorriente, con la pérdida de tiempo y energía que implica. Con los latigazos que nos plantamos. Hemos de ser sensatas y ver qué nos hace bien y qué no. Al final SIEMPRE se trata de eso, pero con visión largoplacista.

A la hora de buscar pareja tendríamos que ser muy sinceras y valientes mostrando nuestro juego de luces y sombras. Si hace juego con el suyo, genial; y si desentona demasiado… pues como las pegatinas de los chicles: sigue buscando. O mejor; confiando en el plan que la vida tiene para ti.

No vamos a encontrar a nadie sin heridas, ni sombra, ni respuestas automáticas. También sabemos que hay que aceptar plenamente a la persona con la que estemos; con sus cosas que nos molestarán más y otras que menos. También están los innegociables que nos debemos respetar. Pero en resumidas cuentas, hay que poder amar su mierda. Y para ello hay que saber amar la nuestra.

Nadie dijo que fuera fácil, queridas. 

Pero tenemos toda la vida por delante para aprender a amarnos; este es nuestro auténtico propósito vital. 

A partir de ahí, lo que venga.

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