2020; ¡A tu pies!

Soy una enamorada de los números repetidos, hasta el punto de quedar con las amigas a las 10:10 o a las 18:18 horas. ¡Muy de loqui, sí! ¡Pero os podéis imaginar las ganas con las que esperaba el  2020! Me hacía mucha ilusión, pero a la vez me daba miedo. No sé si era miedo a decepcionarme con tanta ilusión depositada en esos 366 días, o es que me daba miedo porque mi sentido brujil podía intuir algo de lo que iba a acontecer. Cierto es que dentro de mí sabía que sería un año muy intenso. Lo que nunca esperaba es que fuera algo a nivel global tan heavy metal.

Permitidme que me separe de la tragedia que ha sido y está siendo para muchas personas, para poder profundizar libremente en lo que en realidad este año ha significado en mi vida. Que no ha sido más que de experiencias, aprendizajes y oportunidades -como todos los años-, pero a un nivel advanced.

Es verdad que partía con ventaja, pues estaba entrenada en encierros. El año pasado estuve de opos y, lejos de la odisea que fue para muchas, a mí me sentó de lujo.

Soy extrovertida, me encanta socializar, salir a restaurantes, a bailar, viajar… pero muchas veces me pierdo en esto. Y pasa de ser mi salvavidas a mi soga.

También soy muy influenciable. Esto, aunque suene mal, tiene su parte positiva. No soy de ideas fijas; soy mutable. Voy cogiendo ideas a diestro y siniestro, y está genial, pero necesito periodos de introspección para digerir y acabar de validar o no esas ideas en mi vida.

Preciso tanto la soledad como el sol (qué casualidad que empiecen igual). Después de la opos lo tenía claro, pero ahora lo abandero.

Empecé el confinamiento con mi hija fatal. Recuerdo mandarle fotos a mi Leti a las 9 de la mañana con el Colacao derramado por el suelo y el texto: “ya empezamos”. Entramos en bucle; yo que solo me fijaba en las cosas que mi peque hacía “mal”, y ella presionada para no hacer las cosas “mal” y con un montón de inputs negativos que no ayudaba para nada a hacer las cosas “bien”.

Dramita a la vista.

Entendía que debía hacer un cambio importante para poder sobrevivir con éxito a la experiencia. Y lo hice. No sé si tan conscientemente o no, pero le pude dar la vuelta a la situación cambiando el foco. En vez de enfocarme en lo negativo empecé a enfocarme en lo positivo, y el cambio fue brutal. También nos poníamos música 432Hz para vibrar en armonía y nos abrazábamos mucho, sintiendo nuestros corazones unidos. Además, ella ideó: “El rincón de la verdad”, donde gestionar momentos de crisis.

Con todo,empecé el confinamiento que me quería morir y lo acabé que no quería que acabara. Daba las gracias cada día entre alguna lagrimita que se escapaba con avidez. Nunca había podido conectar de esa manera con mi hija desde que era un bebé y éramos casi casi una. Así que esto fue un regalazo en toda regla. Pasé más de mil horas seguidas a solas con ella, sin separarnos ni para dormir. Pero luego ya empezó a ir los fines de semana con el padrísimo (quien nos estuvo proveyendo de manjares varios todo el encierro) y yo aproveché para parir el blog.

Siento que esa reconexión con Arlet me permitió gestar de nuevo. Como que tenía aún que acabar de darme a ella al 100% para poder centrarme en mí después.

Como ya sabéis, reprendí la escritura por una invitación de mi amigo Domingo.  Aún me maravilla cómo lo tiré para adelante con tanta efectividad y empeño. Primero en petit comité y luego a los cuatro vientos.

Miro para atrás y me parece alucinante el camino recorrido en estos meses. No sé si en otras condiciones hubiera sido capaz de hacerlo. Por falta de tiempo o más bien priorización de él. Por dejarme contaminar de opiniones y limitaciones varias de la gente. Curiosamente la clausura me liberó. Así que… ¡agradecida es poco!

El blog me ha dado foco. Y ese foco me centra en todo. Así que no solo es un blog, es un estar centrada en mí. Es un cuidarme. Es un pensarme. Es un sentirme. Es un priorizarme. Es un conocer a gente preciosa, que suma, que aporta.

Nunca he estado más presente conmigo ni con mi hija. 

Nunca he llorado tanto de felicidad como este año.

Dejadme dar las gracias al 2020 desde mi realidad, aunque suene egoísta o desconsiderado. Pues este ha sido, con diferencia, mi mejor año.

 ¡Siempre a contracorriente, qué le voy a hacer!

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