Abstinencia monjil

Una seguidora sexy me instó a hablar de la abstinencia sexual. No sé si porque os he hablado de ello en alguna ocasión o qué, pero lo cierto es que soy muy fan de las etapas monjiles desde hace años (¡que no significa que lleve años sin follar!).

Una etapa monjil es aquella donde no te apetece tener sexo con nadie, más que contigo misma. No es una etapa donde por lo que sea tienes la libido en Honolulu. Sí, tienes ganas, puede que no tantas – ya se sabe que cuando menos comes menos ganas tienes – pero no te apetece entrar en contacto íntimo con nadie. Suele acontecer después de alguna experiencia sexual que nos ha tocado y nos ha hecho sentirnos vacías. Vendría a ser la dieta blanda después de la gastro o incluso un ayuno intermitente, ahora que está tan de moda.

Cuando buscas en el sexo una conexión más profunda que no encuentras, te sientes vacía después. Puede ser que tú quieras tener algo más con esa persona y ella no esté disponible, pero también cosas más sutiles o espirituales. Y no es cosa solo nuestra, a los hombres también les pasa.

Normalmente funciona a nivel inconsciente, así que hay un trabajo personal en averiguar qué hay detrás de ese vacío, y otro después para honrarlo.

Mientras hacemos este trabajo de búsqueda interior normalmente no estamos para compartirnos, para abrirnos a nivel sexual; más bien estamos para recogernos y lamernos las heridas que suelen tener su origen en la infancia.

So sorry…¡Pero es lo que hay!

Reconozcámoslo; ya tenemos una edad, para lo bueno y lo no tan bueno. 

Empezamos a tener intolerancias y eso nos lleva a ser más selectivas.

Ya no nos vale cualquier cosa, por mucha broma que podamos hacer de la figura del empotrador.

El sexo tiene que aportar; tiene que salir a cuenta.

Seamos delicatesen, la calidad importa más que la cantidad.

Y sobre todo importa el cómo te sientes antes, durante y después. Y con ello si te vale la pena o no.

El sexo,  como todo,  es un aprendizaje, por eso nos ponen las hormonas disparadas en la adolescencia para que entremos al barrizal a experimentar. ¡Y es genial! El sexo en sí no tiene nada de malo mientras se disfrute plenamente. Ahora, cuando ya empezamos con los vacíos y las indigestiones, hay que hacérselo mirar. Para mí empieza otra etapa de aprendizaje que pasa por el autoconocimiento y la aceptación de lo que somos y queremos en cada momento.

Cuando has sido una abanderada del sexo sin amor, muchas veces creyendo liderar un falso empoderamiento femenino, el aprendizaje pasa también por hacer el duelo de ese papel, de ese personaje que molaba, porque contaba sus batallitas y triunfos sin ápice de dolor; y no porque no lo hubiera, sino por la desconexión. Ya os explicaré más detalladamente este proceso porque es interesante.

En resumidas cuentas, lo que os vengo a decir hoy es que: 

Quien tenga pareja y no sienta vacíos ni necesidad de abstinencia…ideal; ¡a darle cuanto guste!

Quien no tenga pareja y no sienta vacíos follando a diestro y siniestro o como le dé la gana…genial; ¡a darle también!

Quien tenga pareja o no, pero sienta ese malestar que le invite a la introspección…pues ya sabe lo que le toca: emprender un camino de reconexión con su verdad para sanarse. Sumergirse en su vulnerabilidad para resurgir más auténtica y alineada con su verdadero ser. Duele, sí. Pero las heridas tienen que estar abiertas para poderlas desinfectar.

Hay que ser muy honestas con nosotras mismas y mimarnos mucho, comer lo que nos apetece, cuando nos apetece y que sea rico y nutritivo para nosotras. Debería ser uno de los primeros mandamientos. ❤

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