Tengo un río

Tengo un río dónde baño mis miedos.

No está solo en mi cabeza. Se da en Glendalough, Irlanda.

En plena crisis global de 2009 me congelé en la bolsa para irme unos meses a quitarme la espinita del inglés y acabé en la capital de la Guinness.

Aunque en realidad me daba bastante pereza, la verdad que fue una experiencia muy gratificante. Otro día os contaré más, pues pasó una cosa importante que casi cambia mi presente. Sí tiene nombre de hombre, de hombre italiano a más inrri! 😉

Pero hoy me quiero centrar en una vivencia inspiradora que me pasó poco antes de mi vuelta a Barcelona.

En esos momentos la crisis económica empezaba a hacer estragos y sin yo darme cuenta mi gente me iba transfiriendo sus miedos; “Vas a poder trabajar de nuevo? Aquí la cosa se está poniendo muy mal, eh?” “No sé si lo vas a tener tan fácil como tú te crees”.

Yo en un principio estaba segura que volvería a trabajar sin problema, pero no tenía ni idea de lo que esas voces poco a poco me iban mellando.

Un domingo fuimos de excursión al monasterio de Glendalough, impresionante de bello. Sin querer me perdí de mi grupo de amigos y me encontré un riachuelo donde el sol brillaba con furia, supongo que porque en ese país pocos días lo sacaban a bailar.

Algo me animó a descalzarme y meter mis pies en sus aguas, tan cristalinas como frías. Estaba maravillada. Parecía que todo estaba orquestado para que yo pudiera hacer ese rito, que en aquel momento pensé improvisaba pero ahora lo dudo mucho. Creo que de alguna manera yo había estado antes en ese valle sagrado y en ese río. Por eso fue tan perfectamente consumado todo, por eso puedo volver allá sin esfuerzo una y mil veces.

Habría sido yo en otra vida uno de esos monjes retirados del mundo para hacer vida contemplativa? El idioma no se me daba muy bien pero a lo mejor hacía voto de silencio…

Mientras mis pies notaban la helor del agua traslúcida, mi cara recibía el fuego de ese sol festivo. Me sentía plena en ese instante y vino a mi cabeza una frase del que pudiera ser mi libro preferido hasta el momento. Era una frase Osho que dice  “La confianza es la forma más pura de amor”.

No entendía porque me tocaban esas palabras, hasta que pude ir un poco más adentro y alcanzar esos miedos ajenos que se me habían incrustado cual virus; invisible, diminuto y pernicioso.

Realmente sentía miedo de que esa película de terror que me contaban me pudiera alcanzar.

Odiaba la idea de tener que escuchar las riñas y los “te lo dije” de mi padre.

Entonces comprendí la frase. Si yo no confiaba en la vida no estaba amando la vida.

El insight hizo que viera el lugar aún más luminoso y vibrante.

Visualicé como me cargaba de la energía del sol y dejaba salir mis miedos por la planta de los pies, para que el río se los llevara lejos de mí, pues en realidad ni eran míos ni me valían.

Fueron instantes de magia, de palpitante conexión con la naturaleza y la sabiduría que emana.

Respiré al màximo la experiencia para guardarla bien adentro y honrarla con gratititud.

Finalmente me despedí del lugar en busca de mis amigos.

Al llegar a casa y abrir el correo tenía un mail de una amiga que me ofrecía un trabajo.

 No era mi trabajo. Pero sonreí al entender rápidamente el mensaje. Cuando sueltas los miedos y confías en la vida, ella te cuida; no hay ninguna razón por la que el universo no quiera lo mejor para ti.

Y sí, puede sonar muy “New Age” o todo lo que quieras. Pero no creo en las casualidades y ciertamente cuando regresé a Barcelona no tuve ningún problema en volver a currar.

Así que de vez en cuando vuelvo a mi río a soltar mis temores, y los que no son míos pero me voy adueñando por el camino.

Por eso es tan importante cuidar con quién nos relacionamos, de qué hablamos, qué vemos en televisión, etc. Porque somos esponjitas.

Lo contrario del amor no es el odio, es el miedo. El amor abre, expande y une. El miedo cierra, empequeñece y separa.

En estos tiempos convulsos, donde la incertidumbre campa a sus anchas mientras el miedo dirige, todas deberíamos tener nuestro río donde lavar nuestros miedos, al igual que lo tenían nuestras ancestras para lavar sus ropas y sus pesares.

A fin de cuentas pase lo que pase, merecemos que nos pille aseaditas, fuertes, confiadas y amadas.

2 comentarios en “Tengo un río

  1. rehtsegm

    Qué bonito! Tampoco creo en las casualidades y como se dice “donde el río suena, agua lleva”.
    Me quedo con “todas deberíamos tener nuestro río”, el que más nos resuene y nos inunde de confianza.
    Un abrazo linda!

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