Capullos. Parte I

Mi llegada a Barcelona fue apoteósica. El Pabli me decía que tendría que venir a atarme porque ciertamente estaba desatá. En pleno proceso de duelo por el Pedrabes, la chica de la armadura que hacía alarde del sexo con precauciones pero sin complicaciones, salía de martes a domingo aproximadamente.

Necesitaba alcohol que anestesiara mi dolor y juntarme con mis amiguis Erasmus era farra segura.

En una de estas, en nuestra segunda casa, Plataforma, conocí a un chico mono. Estuvimos un rato fuera hablando y aún no sé por qué me pareció de lo más normal que me contara que su ex, modelo francesa, le pegara. (sin comentarios)

Después fuimos a mi casa y dormimos. Dormimos. Sin follar, digo. Algo extraño que me pareció romántico.

Durante la semana estuvimos hablando y el viernes fuimos a cenar y a su casa. Todo parecía bastante en orden ese día hasta que se desnudó por completo.

Aquello no podía ser verdad. Aquello no me podía estar pasando a mí. Puto karma!

Pero sí, allá estaba yo esperpéntica sin saber muy bien cómo reaccionar, aunque intentando dar el pego jugando a que no había nada extraño.

No estoy hablando de un pene pequeño. Estoy hablando realmente de un problema. De un pene minúsculo! Y ahí, amiga, hay que ponerle mucho humor y ser muy creativ@ para poderlo gozar.

Pero nada por el estilo, hacíamos como que no pasaba nada, él encima de mí y yo mirando el techo en lo que ha sido uno de los polvos más surrealistas de mi vida.  Como dicen en mi pueblo; de contar-ho a passar-ho!

El tío aún tuvo la desfachatez de decirme “ten cuidado con tus tetas que casi no cabéis en la cama” aludiendo a mis tetis (o tetas pequeñas). Y siendo gilipollas yo, en un claro “no quiero pirarme y hundir tu ego” (aunque merecido lo tuviera), cojo y me voy con él a Sitges al día siguiente. Un drama.

Nada más llegar ve a un grupo de chicas y me dice “mira, estas sí que tienen tetas, no como tú”. Ahí ya no pude más. Sin mediar palabra lo enganché de la camiseta y lo estampé contra la pared (juraría que no le tocaban ni los pies al suelo).

Mira chaval, tú, precisamente tú, no estás para hacer ninguna comparación!!! —le dije con toda mi furia mientras mi mirada enfocaba a su entrepierna para que no tuviera ninguna duda de lo que le estaba hablando.

Comimos porque el hambre siempre manda, pero como os podéis imaginar ni bañarnos ni nada.

Lo peor de todo es que después de esto él como si nada (claro, comparado con su ex que le zumbaba!…Le molaría el sado?). Evidentemente el chico estaba fatal y yo era más tonta que tonta de seguirle el rollo por no quedar mal.

No quedamos más, pero seguíamos mensajeándonos. Me llamó un sábado de buen rollo y le expliqué que habíamos salido la noche anterior tres amigas del Erasmus y todas habían pillado menos yo. Se puso como un loco que eso no podía ser, que le estaba mintiendo….Evidentemente era verdad, no acostumbro a mentir, pero vista su actitud lo hice y le dije que esa noche no salía. El cabrón me conocía y fue al Plataforma a buscarme, y allá estaba yo, con una cara hasta el suelo al verlo.

Empezó de buenas maneras  a hablar conmigo, pero me acabó gritando que si lo que quería era una polla es que era una inculta.

Dilo, dilo! Dí que quieres una polla so inculta! —me presionaba para hacerme sentir mal.

Pues sí, quiero una polla! Qué pasa!?? —acabé gritando.

Parece ser que grité mucho, pues conforme me dirigía a buscar a mis amigas podía ver las caras de circunstancia que me rodeaban.

Seguí mi fiesta sabiendo que desde algún lugar me estaría observando. Empecé a tontear con un chico muy bonico, al que llamaremos R. Lo típico, bailoteos, risas, miradas de complicidad…pero cuando R intentaba besarme yo le decía que no podía, que un loco me estaba vigilando. Os prometo que me concentraba al máximo para buscarlo pero mi estado de embriaguez  me impedía verlo. En cambio R enseguida me dijo; “va con una camisa de cuadros roja verdad?” Efectiviwonder!

Con R mantuvimos las ganas de comernos la boca toda la noche y cuando ya apagaron la música y nos dispusimos a salir, el Minipé (que así lo bauticé por capullo) me cogió de brazo y me apartó del grupo. Les pedí que me dejaran hablar con él, pero no se alejaron mucho por si a caso.

Intenté ser amable y decirle que yo no podía estar con alguien que no confiaba en mí, que se metía con mis tetas, que me acosaba como él estaba haciendo. Él me decía que le gustaba de verdad, que él me dejaría hacer la mía mientras yo fuera discreta (sí señoras, eso era un “te permito otras pollas, inculta”) pero con la condición de que me fuera con él.

A todo esto los amigos de R coreaban su nombre, cosa que al final acabaron haciendo también mis amigas al unísono, mientras R me miraba con los ojitos del gato de Shrek desde la distancia, pero con sonrisa confiada.

Era un poco tonta, pero tampoco tanto. Así que le dije a Minipé que NO , le di un abrazo y me dispuse a ir donde había un grupo de energúmenos aplaudiendo y festejando mi decisión.

Morreo de película. Buen sexo. Y un tío de lo mejorcito que conocí por esa época de desfase que no dejaba resquicio alguno al AMOR. Los añicos bajo la armadura no querían ni oír a hablar de ese palabro que para mí había perdido todo significado. Pero eso, amigas, es otra historia que puede algún día también os cuente.

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