Desvirgamiento tántrico

Como sabéis, he estado recientemente haciendo un curso de tantra. Me ha encantado la experiencia, y aunque ha sido brutal, por suerte no me ha removido tanto como la primera vez que me adentré en este mundo tántrico. Supongo que por eso tardé nueve años en volver a probar.

Hoy os cuento aquella experiencia iniciática al tantrismo.

Abril. 2011. Barcelona. Después de hacer un curso de las Diosas y arquetipos femeninos con una terapeuta chilena súper potente me animé a hacer con ella un curso de tantra de fin de semana.

Iba expectante, había leído sobre tantra pero no sabía de qué manera practicaríamos. Supongo los miedos de cualquiera que no puede evitar pensar que tantra tiene que ver con follar!

Empezamos el sábado por la mañana. En el grupo éramos todo mujeres menos un señor mayor y un joven vestido de blanco inmaculado y un mala colgando que parecía llevar bajo el brazo el manual del buen espiritual. Vaya panorama pensé! Hasta que al rato interrumpió la clase un pedazo de chileno que quitaba el hipo.

Ahora empezaba lo bueno pensé. Y así fue!

El chico era amigo de la profesora y estoy segura que se lo había traído para despertar vivamente todos nuestros instintos más primarios. Y vaya si lo consiguió!

Si un tío no te gusta es muy fácil mantener la compostura, pero cuando te pone mil, se te desmonta tu paradeta y evidentemente,  ahí está la gracia.

Recuerdo que en el círculo inicial la facilitadora nos dijo: “aquí como en la vida, quien más arriesga es quien más gana”. Y pensé, nena, gasss!

Me tocó hacer el primer ejercicio con él; no recuerdo si fue casualidad, me buscó o nos puso la profe. Estoy segura que yo no lo busqué. 1 por vergüenza. 2 porque mi estrategia con los hombres es justamente no ir detrás. Pero allí estaba yo, delante de ese hombre moreno, de media melena ondulada, barbita y camiseta de tirantes blanca que dejaba admirar sus brazotes musculados en la medida perfecta. Íbamos contorneándonos al compás de la música, uno enfrente del otro, y jugábamos a que nuestras manos eran como palmeras que iban mostrando y ocultando nuestra mirada por momentos. Lo recuerdo como si volviera a estar allí. Puedo sentir esa conjunción entre vergüenza, liberación y deseo. Fue muy intenso, supongo por ello lo recuerdo tan bien.

Después seguimos con más ejercicios y yo lo buscaba con la mirada pero él me rehuía. A la hora de comer salimos al patio y os podéis imaginar, parecía el gallo de corral con todo su harén de gallinitas camelándoselo.

A mí ni me miraba, de hecho me ignoraba. Y me empecé a sentir mal. Se abrió en mí una puerta importante. Sí, como podéis imaginar mi herida de rechazo me abrió en canal. Pero también se despertaron sentimientos menos conocidos y aceptados como la envidia. Como podía ser que estuviera celosa por un tío que ni conocía??? Si nisiquiera me consideraba una persona celosa!!!

No me podía sentir peor. Inmadura, ridícula, débil… así que me aislé en una sala para llorar.

En eso que vino “el inmaculado” y se puso a mi lado, en principio de buen rollo a intentar animarme, pero luego a intentar sobarme aprovechando mi vulnerabilidad. Ascazo máximo.

En el círculo final recordé la frase del inicio y pensé en explicar todo lo que me había sucedido para así liberarme. Fui capaz de verbalizar que el chileno me ponía mucho pero que después de nuestro ejercicio me ignoraba y despertó en mi un montón de emociones reprimidas que no fui capaz de sostener. Fliparon, la profe me dijo que era una corajuda y le dio la palabra a él.

Explicó que en el ejercicio que hicimos “se encendió”, (vamos, que se puso cachondo y se empalmó) y que a partir de ahí puede que me evitara por vergüenza. Sinceramente esto ni pasaba por mi cabeza como opción, así que yo también flipé un poco.

Nos hicieron poner uno a cada extremo de la sala, y los compañeros alrededor. Teníamos que ir acercándonos poco a poco hasta encontrarnos pero ninguno de los dos estaba por la labor. Él por miedoso y yo por orgullosa. Al final nos fundimos en un abrazo, un poco forzado la verdad, pues nuestras resistencias eran más grandes que nuestro apetito.

Ahh! Y también expliqué el rollito abusador del inmaculado y la profesora lo puso fino filipino!

Realmente poder hablarlo todo me liberó, aunque seguia súper removida por dentro. Tanto que después fuimos a tomar algo y fui de las primeras en irme, con lo que me va la marcha! Pero el rollo era el mismo; él ignorándome y ellas pavoneándole, en un ambiente poliamoroso que a mi me costaba de entender, como tantas otras cosas que habían sucedido en aquella sala. Por todo ello me pasé la noche comiendo techo.

Al día siguiente tenía la misión de preguntarle porque me dijo hasta tres veces durante el experimento que le daba miedo. Entendía que eso tenía que ver más con él que conmigo, mas me intrigaba porque era algo que en esos tiempos se repetía en mi vida o al menos así lo sentía yo. Pero se me acabó el valor o estaba fundida tras no dormir pues no encontré el momento.

El curso me dejó tan sacudida que prácticamente no pegué ojo en 3 o 4 noches.

Desde luego no se trataba de follar, pero sí de no dormir.

4 comentarios en “Desvirgamiento tántrico

  1. Laura Abril

    Wow!qué experiencia taaan intensa y qué ovarios contarlo todo al final de la clase, pero te aplaudo porque al final si pagas es para algo y esa carga mental y emocional que te generó la sitación pedía a gritos liberarte! Espero que esta segunda experiencia haya sido más satisfactoria y que no comas mucho techo, que a la larga, indigesta! 😉

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