En agradecimiento a mis maestr@s

Es imposible poner en un artículo a todas las personas que me han enseñado algo, por suerte la vida me ha dado la oportunidad de conocer mucha gente de lugares diversos que me han abierto la mirada y el corazón. También la curiosidad de hacer mil cursos, talleres y terapias donde me han acompañado en el camino de la introspección y aceptación.

Con todo me limitaré a mencionar a las personas que me hicieron mella con sus lecciones, pero el agradecimiento es ilimitado.

Allá vamos…

A mi Madre, por parirme al nacer y al reconocer mi don de ayudar a las personas.

A mi Padre por reconducirme a través del arte y enseñarme a perdonar de verdad.

A Ana Tortajada, mi maestra de filosofía y psicología,  pues me enseñó que la autoridad no se gana a golpe de voz y que a las personas no se las puede valorar con simples números (ojalá algún día me leas).

A la Monti y al Frido, que me enseñan que una pareja puede mantener su amor y respeto intacto pese al trascurso de los años.

A Leticia, que me mostró la ley del espejo y es una parte de mí.

A Olga, por animarme en todo y darme la ahijada más bonita del mundo mundial.

A Lydia, por hacerme de espejo cada día. Por enseñarme sin saberlo a no compararme y a afianzarme en mis convicciones por atemporales que parezcan.

A Domingo, porque guarda embalsamado cada minuto que pasé en su presencia y sobretodo, por invitarme a escribir.

Al de Pedralbes, por enseñarme dónde habitan de los corazones desgarrados. Pero también por recordarme mi pureza e integridad.

A Eder, porque me enseñó que en las relaciones tod@s podemos ser todo, con la humildad que ello comporta.

A todos los Hombres que no me amaron y me utilizaron, porque me mostraron mis heridas a lamer.

A todos los Hombres que no amé y utilicé, porque me enseñaron que no hay maldad sino inconsciencia.

A Amma, por reconectarme con la Consciencia Suprema y con “mi” verdad.

A Ketan, por reconectarme con mi linaje femenino y hacerme entender que mientras comiera migajas la vida no me traería un pastel.

Al Padrísmo, por ser mi pastel. Por darme la mejor hija que hubiera podido imaginar. Por respetarme, apoyarme y facilitarme las cosas pese a la separación.

A Arlet,  POR EXISTIR. Por enseñarme a amar sin condiciones. Por no dejarme conformar y obligarme a ser ejemplo de mujer completa y feliz.

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