Me gozhonro

Ayer escuché una mujer hablando de tantra y autoplacer. Me pareció interesante, pero demasiado trabajoso para mi manera de desfogarme en soledad.

Además, mi cuerpo ayer estaba conquistado por una pereza majestuosa y yo me sentía mal por este estado vegetativo, teniendo colgada como siempre, una lista de pendientes interesante.

Sobretodo quería hacer baile libre, como cada viernes, aún en confinamiento ese era mi momento de la semana para soltar el cuerpo y el alma. Pero realmente no tenía ganas y las cosas se deben hacer con ganas. Sobretodo comer y follar. No hay color.

Con este panorama desolador, seguía en paralelo en el sofá navegando por redes y vi un post de una astróloga que hablaba sobre la culpabilidad por improductividad.  Ese mensaje era para mí y explicaba que mi alma tenía otra agenda y que seguro que aunque no lo supiera estaba habiendo trabajo y del bueno.

Eso me animó  y cuando la gente ya empezaba a cenar en sus casas, mi cuerpo se levantó de sus cimientos y se puso a recoger el desorden mientras preparaba mi habitáculo para la magia. Incienso, lámpara de sal y aceites esenciales, elevando su potencia con calor.

Puse la esterilla en el suelo dispuesta a hacer un poco de yoga, pues mi cuerpo me lo exige cual aceite a la cadena de la bici. Pero no me apetecía seguir mi rutina y dejé al cuerpo hacer.

Posturita por aquí, posturita por allá, iba alargando la parte sacral y haciendo movimientos circulares que me iban poniendo a tono y reconectando con aquello que había escuchado hacía horas del autoplacer.

Me dejé llevar, acariciando mis pechos, sintonizando mis pezones con la energía del clítoris y sintiendo el contraste con la energía de mi vagina.

Me embarcaron sentimientos profundos en esta experiencia.

Salió de mí un llanto hondo que me llevó de la mano a encontrarme con mi pena, una pena reconocida.

Era la pena de no honrarme así más a menudo, de haber consentido tener sobre mí hombres que no me trataban con esa delicadeza, contemplación y amor con el que yo me estaba tratando en ese momento.

Identificar eso como pasado lejano me rindió a la felicidad del presente y a unas carcajadas inocentes y gozosas de satisfacción.

También la risa tonta de verse sin máscaras ni dramaturgia.

Y me vinieron a la cabeza las mujeres de mi linaje femenino y pude sentir que también estaba sanando sus heridas. Acariciaba y besaba mi piel, con el vello en punta de la emoción de rendirles tributo, porque ellas también se merecían ese amor y no siempre lo tuvieron.

Ayer pude experimentar el gozo de saberme por fin a salvo de depredadores y en ese mismo instante de dicha y sentimientos encontrados me hice responsable de mí misma y de mi sexualidad sagrada.

Por y para siempre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s